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Ángela Gallud

Vivir entre dos mundos.

La forma en la que entras en esta vida deja una marca definitiva en la historia de quién eres. La mía no fue fácil, y si se hubiera alargado un poco más, probablemente estaría en otro mundo y no en este. Es posible que esa cercanía con la muerte sea el origen de mi condición de Médium.

En general las cosas no han sido sencillas para mí, y sin entrar en detalles, puede decirse que siempre he sabido que no encajaba, que había algo en mí fuera de lo normal, y que por mucho que intentase evitarlo, me encontraba terriblemente sola. Si existe una constante en mi historia, sobre todo en los momentos de soledad extrema, es la presencia innegable del Mundo Espiritual. Nunca he tenido la necesidad de plantearme su existencia, porque es algo con lo que convivo día a día. Puedo sentirlo, verlo, escucharlo, notar los cambios sutiles en la energía, en el ambiente, en la temperatura, recibo mensajes y señales continuamente, y a pesar de mi sensación de aislamiento, siempre he sido consciente de que Nunca he estado sola. Es tal la certeza de su compañía que siempre me he sentido más del Otro Lado que de este.

Una niña de 7 años, Altamente Sensible, (PAS) con una Empatía disparada y Capacidades Psíquicas en expansión, es todo un reto para cualquier familia, pero si a esto le añadimos un entorno hostil, el drama está servido. Desde muy pequeña mi nivel de consciencia era muy cercano al de los adultos, cosa que me hacía muy difícil relacionarme con otros niños. Me daba cuenta perfectamente de que no podía expresar en voz alta las cosas que me ocurrían, porque nadie iba a creerme y me aislaría todavía más, por lo que decidí guardarlo todo para mí, y casi sin darme cuenta, poco a poco fui cerrando puertas a mis dones para buscar un espejismo de «normalidad».

En el intento de vivir una vida lejos de mis Capacidades Psíquicas, me enredé en un torbellino de hiperactividad, trabajos deprimentes, estudios abandonados, cambios constantes de dirección, relaciones tóxicas y amistades superficiales, que solo consiguieron que el agujero de mi pecho se convirtiera en una grieta enorme que terminó por engullirme a los 36 años.

Llegado ese momento no sabía quién era ni hacia dónde iba, lo único que podía hacer era volver a empezar.

Dejé mi trabajo, una ciudad que odiaba, me despedí de todo lo que conocía, y me mudé a una casa diminuta en un pueblo pequeño para decidir lo que iba a hacer con mi vida. Creo que si me hubiese parado a pensarlo me habría muerto de miedo, pero recibí la orden alta y clara. Había que parar. Por primera vez no tenía nada planeado, no sabía lo que iba a pasar al día siguiente, las cosas que me eran familiares habían desaparecido y curiosamente, ahora que estaba totalmente sola de verdad, me encontraba en paz.

Alejarme de la gran ciudad me ayudó mucho a equilibrar mi sistema energético. La conexión con la naturaleza, el silencio, y el gran alivio que sentí al alejarme de las multitudes, consiguieron que mi intuición se abriese por completo y poco a poco volví a reencontrarme con mi esencia. Este fue el comienzo de mi Despertar Espiritual, mi Noche Oscura del Alma, y tengo que de decir que llevo en el proceso más de 10 años y que no ha sido nada fácil llegar hasta aquí, pero una vez que das el primer paso el resto fluye de forma natural.

El hecho es que en el momento en el que decidí aceptarme por completo, descubrí que gran parte de lo que soy, mi raíz y mi esencia más pura, son esos dones de los que llevaba huyendo toda la vida, que mi vocación de servicio y mis ganas de ayudar, forman parte de lo que hoy sé que es mi Propósito, mi camino.

Estoy aquí para ayudarte a encontrar la paz. Para que al contarte mi historia recuerdes la tuya y comprendas que todo eso que te asusta y de lo que intentas escapar, es la parte más valiosa de tu ser. Quiero que dejes de tenerle miedo a la muerte, porque puedo asegurarte que cuando llega, no es el final. Quiero que sepas que eres mucho más que un cuerpo, y que hay un mundo más allá de lo que ven tus ojos, que tus seres queridos que han partido de este plano siguen junto a ti, y que tus Ángeles y tus Guías te acompañan en todo momento. Quiero que no se te olvide que NUNCA estás solo, que pongas un poco de magia en tu vida y te permitas el milagro de creer en lo imposible. Quiero que cierres los ojos para empezar a ver. Quiero que vivas una vida plena y feliz. Y lo quiero con todas las fuerzas de esa niña de 7 años que siempre supo que había algo más.

Abrazar la Espiritualidad implica llevar una vida consciente de la que no puedes evadirte. No esperes arcoiris y unicornios en cada esquina, lo que vas a encontrar es trabajo, sacrificio y evolución, pero puedo asegurarte que en todos los sentidos merece la pena. Tu alma y la de otros muchos te lo agradecerán.

Espero de corazón que me dejes acompañarte en tu viaje, que algún día nos encontremos en el camino y nuestras almas se abracen y se recuerden, porque todos somos uno, y estamos aquí, en este lugar y en este momento, para cumplir con el trabajo que aceptamos antes de encarnar. Compartir la llama y seguir encendiendo luces hasta que apaguemos la oscuridad, porque tú y yo, aunque lo hayas olvidado, estamos al Servicio de la Luz.

Si alguna de mis palabras resuena en tu corazón mi trabajo habrá valido la pena.

Hasta que nos volvamos a encontrar.

Un abrazo.

Ángela.

©angelagallud.com